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Volver a poner la atención en ti: por qué el yoga, la respiración y a veces cambiar de lugar siguen importando


Hay algo curioso en la vida moderna: nunca habíamos tenido acceso a tanta información y, al mismo tiempo, pocas veces habíamos pasado tan poco tiempo escuchándonos de verdad.

Sabemos cuántos pasos caminamos hoy. Cuántas horas dormimos. El reloj nos recuerda cuándo levantarnos, tomar agua, respirar y acostarnos. Podemos encontrar consejos para comer, hacer ejercicio, trabajar, criar hijos, construir relaciones, recuperarnos e incluso descansar “correctamente”.

Cada vez tenemos más información.

Y, a veces, menos claridad.

Puedes saber muchísimo sobre una vida saludable y aun así no darte cuenta de que estás agotado. Puedes seguir una rutina perfecta de ejercicio y perder poco a poco la conexión con tu propio cuerpo. Puedes pasar años tomando decisiones responsables basadas en lo que “deberías” hacer y, un día, darte cuenta de que una pregunta muy sencilla se volvió difícil de responder:

¿Qué quiero yo?

Ahí comienza Be Infinite para mí.

No en convertirte en una versión mejorada de ti.

En aprender a escucharte otra vez.

Nos volvimos expertos en reaccionar

Vibra el teléfono. Lo miramos.

Llega un mensaje. Contestamos.

Aparece una tarea. La resolvemos.

Alguien espera algo. Respondemos.

Estamos cansados. Tomamos café.

La cabeza está saturada. Abrimos otro video.

Algo nos preocupa. Buscamos más información.

Poco a poco, el espacio entre lo que sucede y nuestra respuesta se hace cada vez más pequeño.

No tiene que estar pasando nada dramático.

No necesariamente eres infeliz.

No tienes que estar viviendo una crisis.

Quizás simplemente estás pasando gran parte de tu vida en piloto automático.

Y recuperar ese pequeño espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos puede ser una de las habilidades más valiosas de nuestra época.

Si quitamos el sánscrito y toda la imagen espiritual que suele rodearlo, esta idea está muy cerca del corazón de la filosofía clásica del yoga.

Yoga nunca fue solamente el cuerpo

Hoy la palabra yoga suele generar una imagen bastante clara: un tapete, leggings, perro boca abajo, equilibrio, flexibilidad.

Todo eso puede formar parte del yoga.

Pero la asana —la postura física— es solamente una parte de un sistema mucho más amplio.

En el camino de ocho ramas descrito en los Yoga Sutras de Patanjali, la asana aparece junto con yama y niyama — principios relacionados con nuestra manera de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos; pranayama — el trabajo con la respiración; pratyahara — la capacidad de no dejarnos arrastrar automáticamente por cada estímulo externo; dharana — concentración; y dhyana — atención meditativa sostenida.

Es decir, históricamente el objetivo del yoga nunca fue lograr tocar la rodilla con la frente.

El cuerpo era una herramienta.

La respiración era una herramienta.

La atención era una herramienta.

Incluso aprender a no reaccionar automáticamente ante todo lo que vemos, escuchamos y sentimos era una herramienta.

¿Para qué?

Para bajar un poco el volumen del ruido interior.

Y poder escucharnos con mayor claridad.

Eso no significa abandonar la vida moderna

No creo que para vivir con mayor conciencia tengamos que mudarnos a un ashram, dejar el teléfono, vivir en el bosque o decidir que el mundo moderno está equivocado.

Vivimos aquí y ahora.

Tenemos trabajo, hijos, negocios, vuelos, fechas límite, ciudades, redes sociales y tecnología.

Todo eso puede seguir formando parte de nuestra vida.

La pregunta más interesante es quién está usando a quién.

¿Podemos usar el teléfono sin entregarle nuestra atención cada tres minutos?

¿Podemos trabajar muchísimo y aun así notar cuándo ya no tenemos recursos?

¿Podemos escuchar el consejo de alguien y después preguntarnos si realmente tiene sentido para nosotros?

¿Podemos sentir una emoción sin convertirla automáticamente en una acción?

En ese punto una filosofía antigua se vuelve sorprendentemente actual.

A veces el cuerpo se da cuenta antes que la cabeza

Estamos acostumbrados a tratar al cuerpo como algo que debemos controlar.

Entrenarlo.

Estirarlo.

Cambiarlo.

Corregirlo.

Exigirle.

Pero el cuerpo nos está enviando información constantemente.

Hombros tensos.

La mandíbula apretada.

Respiración superficial.

Pesadez.

Cansancio que no desaparece después de dormir.

O todo lo contrario: una sensación inesperada de tranquilidad al estar con cierta persona, en determinado lugar o después de tomar una decisión.

Eso no significa que cualquier sensación física sea una verdad absoluta.

Y mucho menos significa que las sensaciones sustituyan a la medicina.

Pero el cuerpo es una fuente de información sobre nuestro estado.

Y eso es precisamente lo que me interesa de la práctica de asanas.

No si algún día vas a poder pararte de cabeza.

Sino lo rápido que el tapete puede mostrar patrones que también existen fuera de él.

Dónde sigues empujando aunque algo ya no se siente bien.

Dónde compites aunque nadie esté compitiendo contigo.

Dónde dejas de respirar.

Dónde aparece automáticamente el pensamiento: “no puedo”.

Dónde ignoras una molestia.

Y dónde, por el contrario, tienes miedo de dar el siguiente paso aunque tu cuerpo esté completamente preparado.

El yoga puede convertirse en un pequeño laboratorio de nuestra manera de vivir.

La respiración es la herramienta que nunca tenemos que empacar

Puedes saltarte un entrenamiento.

Olvidar el tapete.

Pasar varios días sin meditar.

Pero seguirás respirando.

Por eso la respiración es una de las herramientas más accesibles para influir en nuestro estado.

En yoga, el trabajo consciente con la respiración se conoce como pranayama.

Hay muchísimas técnicas, desde algunas muy sencillas hasta otras que necesitan estudio y acompañamiento adecuado.

Pero la idea básica no requiere conocer sánscrito.

Nuestra respiración cambia con nuestro estado.

El miedo tiene una respiración.

La tranquilidad tiene otra.

El llanto tiene otra.

Dormir tiene otra.

Y esta relación también puede funcionar en sentido contrario: modificar nuestra forma de respirar puede influir en cómo nos sentimos.

No por magia.

Por fisiología.

Por eso la respiración aparece en yoga, meditación, relajación, regulación del estrés y preparación para el parto.

Es una de esas herramientas que no cuestan nada, no necesitan una aplicación y viajan siempre con nosotros.

Solo necesitamos volver a recordar cómo usarla.

A veces crecer significa hacer menos

Normalmente relacionamos el crecimiento con sumar.

Otro curso.

Otra certificación.

Otra habilidad.

Otra meta.

Otra tarea.

Pero a veces el siguiente paso importante no necesita que añadamos nada.

Dormir.

Descansar.

Estar en silencio.

Apagar el teléfono.

Moverte durante una hora sin intentar quemar calorías.

Quedarte acostado después de una práctica.

Escuchar música.

Nadar.

Ir a un spa.

Hablar con alguien de algo que no tenga nada que ver con trabajo.

Y sí: tomar una copa de vino o de champagne junto a una alberca tampoco contradice una vida consciente.

La conciencia no tiene por qué verse seria.

A veces simplemente necesitamos pasar un buen día.

Pero existe una diferencia entre una pausa después de la cual necesitas otras vacaciones y una pausa que realmente te devuelve energía.

Por eso me gustan tanto los wellness days.

No otro programa lleno de veinte actividades “saludables”.

Todo lo contrario.

Movimiento suave.

Buena comida.

Agua o spa.

Un lugar bonito.

Conversaciones.

Unas horas en las que nadie necesita nada de ti.

A veces, después de un día así, esa idea que llevabas una semana intentando resolver se vuelve evidente.

No porque un spa tenga respuestas.

Sino porque por fin hubo suficiente silencio para escucharlas.

A veces no necesitamos cambiar la actividad, sino el lugar

Y ahí aparece otra herramienta muy interesante: viajar.

Muchas veces tratamos las vacaciones como una colección de experiencias.

Ver todo.

Fotografiar todo.

Visitar todo.

Probar todo.

Cumplir con la lista.

Y a veces regresamos necesitando otras vacaciones.

Pero viajar puede funcionar de otra manera.

Cuando salimos físicamente de nuestro entorno habitual, parte de nuestros automatismos desaparecen con él.

No está la ruta de siempre.

La tienda de siempre.

El escritorio de siempre.

El espacio que constantemente nos recuerda quién se supone que tenemos que ser hoy.

Por unos días aparece suficiente distancia para mirar nuestra vida desde otro ángulo.

Por eso me atraen tanto el slow travel y los travel retreats.

No un retiro donde desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche todo está programado para “transformarte”.

Tampoco un maratón turístico en el que siete días tienen que incluir veinte lugares.

Algo distinto.

Un viaje donde las experiencias se alternan con espacio para procesarlas.

Un día, una ciudad antigua.

Otro, el mar.

Yoga por la mañana.

Explorar durante el día.

A veces una práctica.

A veces spa.

A veces tres horas completamente libres.

Porque muchas veces es en esos espacios vacíos donde una experiencia se convierte en algo más que otra fotografía en el teléfono.

Por qué México

México funciona especialmente bien para este tipo de viaje.

El Caribe.

La selva.

Los cenotes.

Ciudades modernas.

Pueblos pequeños.

Las antiguas ciudades mayas y una historia cultural extraordinaria.

Espacios de spa y wellness.

Comida.

Música.

Y otra relación con el tiempo.

Por eso en los viajes de Be Global unimos el país con parte de la filosofía de Be Infinite.

Puedes conocer antiguas ciudades mayas, nadar en cenotes, pasar un día junto al Caribe, reír durante un desayuno largo, viajar con personas interesantes y descubrir México.

Pero también dejamos espacio para yoga, respiración, recuperación, dormir bien, tiempo libre y esas pausas que permiten que el viaje realmente te suceda.

No para volver a casa convertido en una “persona nueva”.

No estoy segura de que tengamos que convertirnos constantemente en personas nuevas.

Me interesa mucho más volver un poco más nosotros mismos.

Con nuevos recuerdos.

Más energía.

Una pregunta distinta.

O quizás una respuesta que siempre había estado ahí.

Volver a poner la atención en ti

Esa es la filosofía de Be Infinite.

No escapar de la vida moderna.

No rechazar lo que el mundo ha construido.

No buscar otro sistema que nos diga cuál es la manera correcta de vivir.

Simplemente conservar la capacidad de dejar de reaccionar por un momento y preguntarnos:

¿Cómo me siento de verdad?

¿Qué está pasando en mi cuerpo?

¿Qué me está quitando energía?

¿Qué me la devuelve?

¿Qué estoy haciendo porque realmente quiero hacerlo?

¿Y qué hago solamente porque se convirtió en costumbre?

¿Qué necesito ahora: movimiento o descanso?

¿Personas o silencio?

¿Quedarme o irme?

¿Continuar o cambiar de dirección?

El yoga no puede responder esas preguntas por nosotros.

La meditación tampoco.

La respiración tampoco.

Viajar tampoco.

Y eso está perfecto.

Su función es otra.

Crear suficiente espacio para que podamos volver a escuchar nuestra propia respuesta.


Yoga, respiración, prácticas restaurativas, preparación para el parto, talleres y wellness days son distintas maneras de volver a poner la atención en ti y vivir un poco menos en piloto automático.


Y a veces, para cambiar de perspectiva, también necesitamos cambiar de coordenadas.

Ahí comienza Be Global.

Nuestros viajes y travel retreats en México combinan todo aquello por lo que vale la pena viajar lejos — lugares nuevos, cultura antigua, el Caribe, naturaleza y personas interesantes — dejando suficiente espacio para vivir cada experiencia sin prisas.


 
 
 

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